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¿Confiar en mi? Por qué no

¿Confiar en mi? Por qué no

El otro día le pregunté a mi amiga Carmen qué le gustaría leer en un blog de psicología y entre las opciones que me dio, que fueron unas cuantas lo cual agradezco, hubo una que me llamó la atención porque me he visto en esas muchas veces y fue algo así como qué hacer para confiar en lo que piensas, en tus decisiones, en tu criterio, para no dejarse llevar por los demás.

Se me ocurren varias cosas.

  1. Conocer tu criterio, darle forma. Antes no me paraba a pensar, en cuanto alguien cuestionaba lo que decía o exponía una opinión distinta con énfasis y que sonara razonable no tardaba en descartar la mía. En parte creo que tiene que ver con la capacidad de entender distintos puntos de vista, tener la mente abierta y eso en principio no es malo. Pero es incómodo cuando ocurre a menudo o cuando llegas a casa te paras a pensarlo y te dices, ¿por qué le habré dado la razón? ¿por qué habré dicho esto o lo otro? Bueno pues en mi experiencia esto ocurre cuando no te paras a pensar qué piensas realmente, de dónde viene tu opinión, en qué se fundamenta. A veces es una sensación, una intuición y si no eres consciente de esto es difícil sostenerlo, pero si te paras a escuchar, si te preguntas ¿por qué tengo esta postura? aparecen las respuestas y si es una sensación resulta liberador darse cuenta y poder expresarlo, decir tranquilamente mira, no te lo se explicar, es una sensación, igual me equivoco pero tengo la sensación de que van por ahí los tiros. A veces es más que una mera intuición y si te paras a pensar encontrarás argumentos, situaciones que apoyen tu forma de pensar, algo que escuchaste, algo que leíste, una conversación previa, algo en lo que has estado pensando. La clave aquí es pararse a pensar, escucharte, preguntarte.
  2. Escuchar al cuerpo. también tiene qué opinar y nos da señales. Puede pasar que hay un gran deseo de que lo que pienses sea verdad, pero en realidad no lo tienes tan claro. Por lo que sea, porque te conviene que sea verdad, porque es algo que llevas defendiendo tiempo y te da vergüenza admitir que no tiene tanto peso como creías, lo que sea. El caso es que ese deseo nos nubla. Esto yo lo noto mucho a nivel corporal, se empieza a tocar el tema en cuestión y me noto tensa o irritada, es algo digamos visceral. Viene bien escuchar a tu cuerpo «esto me está tensando, este tema me remueve» y de nuevo pararse a pensar, preguntarte ¿por qué es esto importante para mí, por qué necesito que sea verdad, por qué prefiero pasar de puntillas y no exponerme demasiado? a lo mejor descubres que se te puede desmontar el chiringuito si profundizas demasiado y prefieres mantener tu criterio oculto pero seguro a sacarlo a la luz y que se venga abajo. Aquí la clave para mí sería la escucha, la introspección, puede que se te desmonte el chiringuito pero te conocerás más como persona y la necesidad que hay de fondo estará siendo atendida.
  3. Contar con el miedo a equivocarnos. El miedo al rechazo que todos, en mayor o menor medida, experimentamos ante los demás. Yo opino esto, pero ¿y si es una gilipollez? ¿y si no tengo ni puta idea y digo una tontería? ¿y si quedo como (rellenar con nuestros temores)? La solución es sencilla, contar con esa posibilidad. Parece una tontería pero si dices algo consciente de que igual te estás equivocando estás abierto a saber en qué te equivocas, a conocer una visión, una manera de hacer las cosas, algo que se supone que debías saber… y eso, además de sabio, es práctico, y te genera un nuevo criterio. No te vas a lo que piensa el otro sino que eres tú quien desarrolla ese pensamiento gracias al otro. Va un poco en la línea de mi reflexión acerca de la humildad de mi entrada anterior.

Resumiendo mucho sería algo así como darte tiempo para tener una conversación contigo misma, preguntarte cosas y conocer lo que hay debajo o lo que acompaña tu forma de pensar, tu criterio.

– A ver, ¿es esto lo que pienso o aparece en mi mente por inercia?, – sí sí, es lo que pienso, por esto por esto y por esto, – vale ¿y por qué me siento insegura?, – porque suena raro o porque no es lo que creo que esperan que diga, – ah vale, esto es lo que pienso y esto es lo que me pasa, ok, ahora puedo expresarme: Igual suena raro pero yo lo que pienso es esto, por esto por esto y por esto.

– ¿Por qué no me atrevo a decir que me estoy planteando tomar esta decisión?, – porque no tengo claro que sea una buena idea y además a la persona que tengo enfrente seguro que le parece fatal, – pero aun así me atrae, – y qué me atrae, – esto, – ok pues ya puedo comentar lo que me pasa: me estoy planteando tomar esta decisión, no tengo claro que sea una buena idea pero a la vez me atrae por esto. Igual te sorprende la reacción de la persona. Se genera más entendimiento cuando además de la decisión compartes algo más de ti y expresas lo que te pasa a ti con esa decisión, lo que significa para ti, el sentido que le das.

Resumiendo muchísimo, tiene que ver con atendernos.

Bueno Carmen, pues esto es lo que me ha salido, del tirón sin pensarlo mucho, no sé si te servirá de algo pero me ha gustado escribirlo.