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Mes: enero 2021

¿Confiar en mi? Por qué no

¿Confiar en mi? Por qué no

El otro día le pregunté a mi amiga Carmen qué le gustaría leer en un blog de psicología y entre las opciones que me dio, que fueron unas cuantas lo cual agradezco, hubo una que me llamó la atención porque me he visto en esas muchas veces y fue algo así como qué hacer para confiar en lo que piensas, en tus decisiones, en tu criterio, para no dejarse llevar por los demás.

Se me ocurren varias cosas.

  1. Conocer tu criterio, darle forma. Antes no me paraba a pensar, en cuanto alguien cuestionaba lo que decía o exponía una opinión distinta con énfasis y que sonara razonable no tardaba en descartar la mía. En parte creo que tiene que ver con la capacidad de entender distintos puntos de vista, tener la mente abierta y eso en principio no es malo. Pero es incómodo cuando ocurre a menudo o cuando llegas a casa te paras a pensarlo y te dices, ¿por qué le habré dado la razón? ¿por qué habré dicho esto o lo otro? Bueno pues en mi experiencia esto ocurre cuando no te paras a pensar qué piensas realmente, de dónde viene tu opinión, en qué se fundamenta. A veces es una sensación, una intuición y si no eres consciente de esto es difícil sostenerlo, pero si te paras a escuchar, si te preguntas ¿por qué tengo esta postura? aparecen las respuestas y si es una sensación resulta liberador darse cuenta y poder expresarlo, decir tranquilamente mira, no te lo se explicar, es una sensación, igual me equivoco pero tengo la sensación de que van por ahí los tiros. A veces es más que una mera intuición y si te paras a pensar encontrarás argumentos, situaciones que apoyen tu forma de pensar, algo que escuchaste, algo que leíste, una conversación previa, algo en lo que has estado pensando. La clave aquí es pararse a pensar, escucharte, preguntarte.
  2. Escuchar al cuerpo. también tiene qué opinar y nos da señales. Puede pasar que hay un gran deseo de que lo que pienses sea verdad, pero en realidad no lo tienes tan claro. Por lo que sea, porque te conviene que sea verdad, porque es algo que llevas defendiendo tiempo y te da vergüenza admitir que no tiene tanto peso como creías, lo que sea. El caso es que ese deseo nos nubla. Esto yo lo noto mucho a nivel corporal, se empieza a tocar el tema en cuestión y me noto tensa o irritada, es algo digamos visceral. Viene bien escuchar a tu cuerpo «esto me está tensando, este tema me remueve» y de nuevo pararse a pensar, preguntarte ¿por qué es esto importante para mí, por qué necesito que sea verdad, por qué prefiero pasar de puntillas y no exponerme demasiado? a lo mejor descubres que se te puede desmontar el chiringuito si profundizas demasiado y prefieres mantener tu criterio oculto pero seguro a sacarlo a la luz y que se venga abajo. Aquí la clave para mí sería la escucha, la introspección, puede que se te desmonte el chiringuito pero te conocerás más como persona y la necesidad que hay de fondo estará siendo atendida.
  3. Contar con el miedo a equivocarnos. El miedo al rechazo que todos, en mayor o menor medida, experimentamos ante los demás. Yo opino esto, pero ¿y si es una gilipollez? ¿y si no tengo ni puta idea y digo una tontería? ¿y si quedo como (rellenar con nuestros temores)? La solución es sencilla, contar con esa posibilidad. Parece una tontería pero si dices algo consciente de que igual te estás equivocando estás abierto a saber en qué te equivocas, a conocer una visión, una manera de hacer las cosas, algo que se supone que debías saber… y eso, además de sabio, es práctico, y te genera un nuevo criterio. No te vas a lo que piensa el otro sino que eres tú quien desarrolla ese pensamiento gracias al otro. Va un poco en la línea de mi reflexión acerca de la humildad de mi entrada anterior.

Resumiendo mucho sería algo así como darte tiempo para tener una conversación contigo misma, preguntarte cosas y conocer lo que hay debajo o lo que acompaña tu forma de pensar, tu criterio.

– A ver, ¿es esto lo que pienso o aparece en mi mente por inercia?, – sí sí, es lo que pienso, por esto por esto y por esto, – vale ¿y por qué me siento insegura?, – porque suena raro o porque no es lo que creo que esperan que diga, – ah vale, esto es lo que pienso y esto es lo que me pasa, ok, ahora puedo expresarme: Igual suena raro pero yo lo que pienso es esto, por esto por esto y por esto.

– ¿Por qué no me atrevo a decir que me estoy planteando tomar esta decisión?, – porque no tengo claro que sea una buena idea y además a la persona que tengo enfrente seguro que le parece fatal, – pero aun así me atrae, – y qué me atrae, – esto, – ok pues ya puedo comentar lo que me pasa: me estoy planteando tomar esta decisión, no tengo claro que sea una buena idea pero a la vez me atrae por esto. Igual te sorprende la reacción de la persona. Se genera más entendimiento cuando además de la decisión compartes algo más de ti y expresas lo que te pasa a ti con esa decisión, lo que significa para ti, el sentido que le das.

Resumiendo muchísimo, tiene que ver con atendernos.

Bueno Carmen, pues esto es lo que me ha salido, del tirón sin pensarlo mucho, no sé si te servirá de algo pero me ha gustado escribirlo.

La humildad como experiencia y no como concepto moral.

La humildad como experiencia y no como concepto moral.

Según la Real Academia de la Lengua Española, la humildad es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

En terapia, o cuando queremos superar una situación o una vivencia interna de malestar, es imprescindible tener algo de humildad, un momento de lucidez que nos ayude a ver la realidad de nuestra situación. Sin tapujos, sin miedos ni prejuicios.

Poder reconocer que algo no anda bien en nuestra vida. Dejar de intentar las mismas soluciones y probar otras nuevas. Pedir ayuda y aceptar la ayuda que se nos ofrece. (A veces nuestra soberbia nos lleva a desvalorizar lo que más necesitamos)

El Maestro Tortuga, maestro de lo simple.

No es fácil reconocer nuestra fragilidad, ni que lo que creíamos verdades absolutas o soluciones perfectas ahora ya no tienen sentido, solo fueron verdad en el pasado cuando todo funcionaba. Muchas de nuestras creencias más arraigadas acerca de nosotros mismos, de los demás y del mundo que nos rodea, casi cimientos de nuestra mente, se tambalean en los periodos de crisis, por más que lo intentemos nuestro presente no encaja en ellas. Lo que nos está pasando, sea lo que sea, nos tiene sufriendo y nuestra manera de estar en el mundo ya no nos sostiene, no nos sirve.

El valor para asumir todo esto nos lo da la humildad, es algo simple, es una sensación ligera, como de quitarte un peso enorme de encima. La humildad te permite ver el escenario completo, los cimientos tambaleándose y a nosotros mismos obcecados en seguir construyendo sobre esos cimientos. Nos permite ir a la base, observar desde nuestro centro. Desde ahí nos permite replantearnos el proyecto, no hace falta tirarlo abajo, o quizás sí y empezar de cero, en cualquier caso, y paradójicamente, cuando nos hacemos conscientes y nos hacemos cargo de nuestros límites y debilidades, se amplían nuestra visión y nuestras posibilidades reales de recuperar el bienestar. O dicho en las palabras del Maestro Shifu (el maestro de Kung Fu Panda)

Si haces únicamente lo que puedes hacer, entonces serás más de lo que eres ahora.

– Maestro Shifu

Por ejemplo, hay una creencia popular que dice que la depresión y esas tonterías se quitan con un pico y una pala, es decir, currando. Y no le quito razón, mientras funciona, pero ¿qué pasa cuando piensas así y por más que trabajas y te esfuerzas no se te pasan las tonterías? pues que acabas de dar con un límite, el poder curativo del trabajo duro tiene un límite y ya no encuentras la fortaleza que te daba, acabas de encontrarte con tu debilidad.

Otro ejemplo, las personas que siempre están alegres, personas con capacidad de tomarse los problemas con filosofía y tirar pa´alante con lo que sea años y años, personas en las que se apoyan sus amigos y familiares porque saben que van a encontrar una sonrisa, una palabra de aliento, un ofrecimiento de ayuda. El día que estas personas se quiebran lo pasan fatal y no las culpo, porque no se reconocen, porque no tenían ni idea lo que era estar desganadas, negativas, inseguras. «Esta no soy yo» dicen entre lágrimas, como avergonzándose de llorar, mucha gente en consulta pide perdón por llorar. Se han dado de bruces con sus límites, su capacidad de tirar pa´alante de la manera en que lo hacían ya no funciona. Y además no saben estar de otra manera que no sea alegres y positivas y con fuerza, no saben estar débiles.

En las parejas se puede observar esto también, cuando la relación está muriendo, qué difícil y qué duro es asumirlo, decir «hasta aquí». Sobre todo si hemos creído en ellas, relaciones en las que hay proyecto de futuro, hay un pasado con su historia de amor y sus dificultades y superaciones. Y no queremos romper con ese pasado ni con ese futuro, pero en el presente no somos felices. En el presente la relación no nos nutre, nos está haciendo daño, nos apagamos. Qué difícil afrontarlo, reconocer nuestro límite, no puedo más, no quiero más. Y reconocer nuestra debilidad, nuestra rabia, nuestro miedo a equivocarnos, a quedarnos solos, a ser juzgados por la sociedad.

En todos estos casos podemos seguir insistiendo, más pico y pala, más fuerza y sonrisa, más carne en el asador. Podemos aferrarnos a nuestras ideas y seguir hasta reventar o hasta apagarnos y convertirnos en la sombra de lo que somos, o podemos parar, respirar, tomar un poco de distancia, observar y ser honestos con nosotros mismos: algo no funciona.

La humildad, como concepto moral, como se entiende en la calle, tiene que ver con no mostrarse soberbio, admitir los errores, pensar en los demás, estar dispuesto a aprender de quien sabe más que tú… Es una virtud de cara a los demás. De lo que yo hablo aquí es de la experiencia interna, de la sensación de alivio y de paz que encontramos en la relación con nosotros mismos cuando somos capaces de asumir lo que nos está pasando. Sin luchar con nuestras creencias, sin luchar con nuestra soberbia, poder reconocer la realidad y asumirla. Es lo que hay.

Tengo ansiedad, lo reconozco, lo asumo.

Tenía razón mi prima, lo reconozco, lo asumo.

Me jode que tenga razón mi prima, lo reconozco, lo asumo.

¿Y si no se me pasa? me da miedo que no se me pase, lo reconozco, lo asumo.

Y ahora qué, cómo se hace, no lo sé, bueno pues esto también es lo que hay, no sé qué hacer. Lo reconozco y lo asumo. La vida continúa.

Éste es el punto de inflexión, la humildad es el punto de inflexión porque, como decía más arriba, cuando nos hacemos conscientes y nos hacemos cargo de nuestros límites y debilidades, se amplían nuestra visión y nuestras posibilidades reales de recuperar el bienestar.

Os recomiendo la película, si no la habéis visto ya.