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Categoría: Variedades

¿Confiar en mi? Por qué no

¿Confiar en mi? Por qué no

El otro día le pregunté a mi amiga Carmen qué le gustaría leer en un blog de psicología y entre las opciones que me dio, que fueron unas cuantas lo cual agradezco, hubo una que me llamó la atención porque me he visto en esas muchas veces y fue algo así como qué hacer para confiar en lo que piensas, en tus decisiones, en tu criterio, para no dejarse llevar por los demás.

Se me ocurren varias cosas.

  1. Conocer tu criterio, darle forma. Antes no me paraba a pensar, en cuanto alguien cuestionaba lo que decía o exponía una opinión distinta con énfasis y que sonara razonable no tardaba en descartar la mía. En parte creo que tiene que ver con la capacidad de entender distintos puntos de vista, tener la mente abierta y eso en principio no es malo. Pero es incómodo cuando ocurre a menudo o cuando llegas a casa te paras a pensarlo y te dices, ¿por qué le habré dado la razón? ¿por qué habré dicho esto o lo otro? Bueno pues en mi experiencia esto ocurre cuando no te paras a pensar qué piensas realmente, de dónde viene tu opinión, en qué se fundamenta. A veces es una sensación, una intuición y si no eres consciente de esto es difícil sostenerlo, pero si te paras a escuchar, si te preguntas ¿por qué tengo esta postura? aparecen las respuestas y si es una sensación resulta liberador darse cuenta y poder expresarlo, decir tranquilamente mira, no te lo se explicar, es una sensación, igual me equivoco pero tengo la sensación de que van por ahí los tiros. A veces es más que una mera intuición y si te paras a pensar encontrarás argumentos, situaciones que apoyen tu forma de pensar, algo que escuchaste, algo que leíste, una conversación previa, algo en lo que has estado pensando. La clave aquí es pararse a pensar, escucharte, preguntarte.
  2. Escuchar al cuerpo. también tiene qué opinar y nos da señales. Puede pasar que hay un gran deseo de que lo que pienses sea verdad, pero en realidad no lo tienes tan claro. Por lo que sea, porque te conviene que sea verdad, porque es algo que llevas defendiendo tiempo y te da vergüenza admitir que no tiene tanto peso como creías, lo que sea. El caso es que ese deseo nos nubla. Esto yo lo noto mucho a nivel corporal, se empieza a tocar el tema en cuestión y me noto tensa o irritada, es algo digamos visceral. Viene bien escuchar a tu cuerpo «esto me está tensando, este tema me remueve» y de nuevo pararse a pensar, preguntarte ¿por qué es esto importante para mí, por qué necesito que sea verdad, por qué prefiero pasar de puntillas y no exponerme demasiado? a lo mejor descubres que se te puede desmontar el chiringuito si profundizas demasiado y prefieres mantener tu criterio oculto pero seguro a sacarlo a la luz y que se venga abajo. Aquí la clave para mí sería la escucha, la introspección, puede que se te desmonte el chiringuito pero te conocerás más como persona y la necesidad que hay de fondo estará siendo atendida.
  3. Contar con el miedo a equivocarnos. El miedo al rechazo que todos, en mayor o menor medida, experimentamos ante los demás. Yo opino esto, pero ¿y si es una gilipollez? ¿y si no tengo ni puta idea y digo una tontería? ¿y si quedo como (rellenar con nuestros temores)? La solución es sencilla, contar con esa posibilidad. Parece una tontería pero si dices algo consciente de que igual te estás equivocando estás abierto a saber en qué te equivocas, a conocer una visión, una manera de hacer las cosas, algo que se supone que debías saber… y eso, además de sabio, es práctico, y te genera un nuevo criterio. No te vas a lo que piensa el otro sino que eres tú quien desarrolla ese pensamiento gracias al otro. Va un poco en la línea de mi reflexión acerca de la humildad de mi entrada anterior.

Resumiendo mucho sería algo así como darte tiempo para tener una conversación contigo misma, preguntarte cosas y conocer lo que hay debajo o lo que acompaña tu forma de pensar, tu criterio.

– A ver, ¿es esto lo que pienso o aparece en mi mente por inercia?, – sí sí, es lo que pienso, por esto por esto y por esto, – vale ¿y por qué me siento insegura?, – porque suena raro o porque no es lo que creo que esperan que diga, – ah vale, esto es lo que pienso y esto es lo que me pasa, ok, ahora puedo expresarme: Igual suena raro pero yo lo que pienso es esto, por esto por esto y por esto.

– ¿Por qué no me atrevo a decir que me estoy planteando tomar esta decisión?, – porque no tengo claro que sea una buena idea y además a la persona que tengo enfrente seguro que le parece fatal, – pero aun así me atrae, – y qué me atrae, – esto, – ok pues ya puedo comentar lo que me pasa: me estoy planteando tomar esta decisión, no tengo claro que sea una buena idea pero a la vez me atrae por esto. Igual te sorprende la reacción de la persona. Se genera más entendimiento cuando además de la decisión compartes algo más de ti y expresas lo que te pasa a ti con esa decisión, lo que significa para ti, el sentido que le das.

Resumiendo muchísimo, tiene que ver con atendernos.

Bueno Carmen, pues esto es lo que me ha salido, del tirón sin pensarlo mucho, no sé si te servirá de algo pero me ha gustado escribirlo.

La humildad como experiencia y no como concepto moral.

La humildad como experiencia y no como concepto moral.

Según la Real Academia de la Lengua Española, la humildad es la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

En terapia, o cuando queremos superar una situación o una vivencia interna de malestar, es imprescindible tener algo de humildad, un momento de lucidez que nos ayude a ver la realidad de nuestra situación. Sin tapujos, sin miedos ni prejuicios.

Poder reconocer que algo no anda bien en nuestra vida. Dejar de intentar las mismas soluciones y probar otras nuevas. Pedir ayuda y aceptar la ayuda que se nos ofrece. (A veces nuestra soberbia nos lleva a desvalorizar lo que más necesitamos)

El Maestro Tortuga, maestro de lo simple.

No es fácil reconocer nuestra fragilidad, ni que lo que creíamos verdades absolutas o soluciones perfectas ahora ya no tienen sentido, solo fueron verdad en el pasado cuando todo funcionaba. Muchas de nuestras creencias más arraigadas acerca de nosotros mismos, de los demás y del mundo que nos rodea, casi cimientos de nuestra mente, se tambalean en los periodos de crisis, por más que lo intentemos nuestro presente no encaja en ellas. Lo que nos está pasando, sea lo que sea, nos tiene sufriendo y nuestra manera de estar en el mundo ya no nos sostiene, no nos sirve.

El valor para asumir todo esto nos lo da la humildad, es algo simple, es una sensación ligera, como de quitarte un peso enorme de encima. La humildad te permite ver el escenario completo, los cimientos tambaleándose y a nosotros mismos obcecados en seguir construyendo sobre esos cimientos. Nos permite ir a la base, observar desde nuestro centro. Desde ahí nos permite replantearnos el proyecto, no hace falta tirarlo abajo, o quizás sí y empezar de cero, en cualquier caso, y paradójicamente, cuando nos hacemos conscientes y nos hacemos cargo de nuestros límites y debilidades, se amplían nuestra visión y nuestras posibilidades reales de recuperar el bienestar. O dicho en las palabras del Maestro Shifu (el maestro de Kung Fu Panda)

Si haces únicamente lo que puedes hacer, entonces serás más de lo que eres ahora.

– Maestro Shifu

Por ejemplo, hay una creencia popular que dice que la depresión y esas tonterías se quitan con un pico y una pala, es decir, currando. Y no le quito razón, mientras funciona, pero ¿qué pasa cuando piensas así y por más que trabajas y te esfuerzas no se te pasan las tonterías? pues que acabas de dar con un límite, el poder curativo del trabajo duro tiene un límite y ya no encuentras la fortaleza que te daba, acabas de encontrarte con tu debilidad.

Otro ejemplo, las personas que siempre están alegres, personas con capacidad de tomarse los problemas con filosofía y tirar pa´alante con lo que sea años y años, personas en las que se apoyan sus amigos y familiares porque saben que van a encontrar una sonrisa, una palabra de aliento, un ofrecimiento de ayuda. El día que estas personas se quiebran lo pasan fatal y no las culpo, porque no se reconocen, porque no tenían ni idea lo que era estar desganadas, negativas, inseguras. «Esta no soy yo» dicen entre lágrimas, como avergonzándose de llorar, mucha gente en consulta pide perdón por llorar. Se han dado de bruces con sus límites, su capacidad de tirar pa´alante de la manera en que lo hacían ya no funciona. Y además no saben estar de otra manera que no sea alegres y positivas y con fuerza, no saben estar débiles.

En las parejas se puede observar esto también, cuando la relación está muriendo, qué difícil y qué duro es asumirlo, decir «hasta aquí». Sobre todo si hemos creído en ellas, relaciones en las que hay proyecto de futuro, hay un pasado con su historia de amor y sus dificultades y superaciones. Y no queremos romper con ese pasado ni con ese futuro, pero en el presente no somos felices. En el presente la relación no nos nutre, nos está haciendo daño, nos apagamos. Qué difícil afrontarlo, reconocer nuestro límite, no puedo más, no quiero más. Y reconocer nuestra debilidad, nuestra rabia, nuestro miedo a equivocarnos, a quedarnos solos, a ser juzgados por la sociedad.

En todos estos casos podemos seguir insistiendo, más pico y pala, más fuerza y sonrisa, más carne en el asador. Podemos aferrarnos a nuestras ideas y seguir hasta reventar o hasta apagarnos y convertirnos en la sombra de lo que somos, o podemos parar, respirar, tomar un poco de distancia, observar y ser honestos con nosotros mismos: algo no funciona.

La humildad, como concepto moral, como se entiende en la calle, tiene que ver con no mostrarse soberbio, admitir los errores, pensar en los demás, estar dispuesto a aprender de quien sabe más que tú… Es una virtud de cara a los demás. De lo que yo hablo aquí es de la experiencia interna, de la sensación de alivio y de paz que encontramos en la relación con nosotros mismos cuando somos capaces de asumir lo que nos está pasando. Sin luchar con nuestras creencias, sin luchar con nuestra soberbia, poder reconocer la realidad y asumirla. Es lo que hay.

Tengo ansiedad, lo reconozco, lo asumo.

Tenía razón mi prima, lo reconozco, lo asumo.

Me jode que tenga razón mi prima, lo reconozco, lo asumo.

¿Y si no se me pasa? me da miedo que no se me pase, lo reconozco, lo asumo.

Y ahora qué, cómo se hace, no lo sé, bueno pues esto también es lo que hay, no sé qué hacer. Lo reconozco y lo asumo. La vida continúa.

Éste es el punto de inflexión, la humildad es el punto de inflexión porque, como decía más arriba, cuando nos hacemos conscientes y nos hacemos cargo de nuestros límites y debilidades, se amplían nuestra visión y nuestras posibilidades reales de recuperar el bienestar.

Os recomiendo la película, si no la habéis visto ya.

El duelo

El duelo

Si hay algo que nos sacude la vida es la pérdida. Normalmente de alguien querido, pero también de lugares, proyectos, salud, etc. Esta sacudida nos puede ayudar a crecer, en tanto que seremos más capaces de aceptar las cosas como vienen, y a la vez de valorar más y por tanto vivir más presentes cada momento. Pero también nos puede dejar atascados en un pasado que no va a volver o huyendo eternamente del dolor como pollo sin cabeza.

Llevo años interesada en los procesos de duelo. Si te interesa profundizar te invito a conocer a Jose González, como persona es un encanto, un tío cercano y divertido y además es el mayor experto en duelo que conozco. Creo que ha sacado o está a punto de sacar un libro y en su página web hay distintas formaciones que recomiendo encarecidamente.

A continuación os dejo un cortometraje de animación que trata el tema de la muerte, simpático, y después del corto comparto ciertas nociones básicas que pueden ayudar a la hora de afrontar un duelo, ya sea para superarlo o para acompañar a otra persona.

Nociones que nos ayudan a superar la pérdida.

  • El objetivo debe ser muy humilde ir paso a paso, ver cómo puedes estar un poco menos mal. Y así, pasito a pasito, pasas del «menos mal» a «algo soportable» de ahí al «a veces hasta paso un rato agradable», «empiezo a disfrutar de ciertas cosas»… Si te pones expectativas demasiado ambiciosas puedes frustrarte y añadir sufrimiento y culpa por no ser capaz de sentirte bien, de ser el o la que eras. Paso a paso te respetas, paso a paso te permites digerirlo, paso a paso te cuidas mientras avanzas.
  • Nuestras relaciones cambian. Aceptemos eso. Ante una pérdida las personas que creíamos iban a estar cerca pueden no estarlo, pueden estar gestionando los cambios a su manera, es normal. Sin embargo probablemente haya otras con las que no contábamos. Para vivir en paz este proceso y no añadir sufrimiento, no luchemos contra esto, no pretendamos que nuestros seres queridos estén para nosotros como y cuando lo necesitemos. Nos podemos enriquecer con el apoyo de quien está en condiciones para ofrecerlo.
  • Expresión emocional. Durante el proceso de duelo es fundamental aceptar nuestras emociones, sean las que sean (rabia, tristeza, culpa, ira, alivio…) darnos permiso para sentir lo que sea que estemos sintiendo. Sin juzgarnos. Da igual si esperábamos estar tristes y estamos cabreados o si sentimos alivio y nos sentimos fatal por ello. Todas las emociones son válidas. Todas. Y lo que más ayuda es expresarlas. Hablar con amigos, familiares, compañeros, terapeutas. Desahogarnos en un diario, escribir una carta a la persona o aquello perdido con todo lo que no pudimos decir o valorar en su momento. Asistir a grupos de encuentro de personas que estén pasando por lo mismo. Pintar cuadros, escribir poemas, golpear un saco de boxeo… lo que sea que nos ayude a sacar, a vomitar lo que llevamos dentro. (*Importante, A veces las personas no pueden sostener las emociones y en seguida tratan de rescatarnos «no llores, a fulanito no le gustaría verte así», «no es para tanto», «no es tu culpa, no podías hacer nada», «no te pongas así, tienes que relajarte»… si tenemos confianza viene bien decir a nuestra gente: «lo que necesito de ti ahora mismo es que me escuches, no que trates de cambiar lo que siento»)
  • Aceptación del dolor. Por más que intentemos esconderlo, las pérdidas duelen, generan emociones desagradables e incómodas y no hay manera de volver a «lo de antes». Jose González nos hablaba de la metáfora del túnel, sólo hay un modo de salir de él: atravesándolo, aceptando la oscuridad para acercarnos gradualmente a la luz. El que no entra en el túnel, el que trata de volver atrás, el que elude el itinerario necesario para reentrar en la vida, pospone y prolonga el dolor.
  • Salir y entrar. Muchas veces no sabemos si debemos salir y distraernos o quedarnos en casa con una manta, nuestros recuerdos y nuestro vacío. Si nos distraemos mucho igual estamos huyendo de lo que nos sucede por dentro y no vamos a poder procesar el duelo de manera sana. Pero si nos encerramos en nuestra pérdida demasiado tiempo corremos el riesgo de aislarnos y lo cierto es que necesitamos reconectar con la vida para superar el duelo. La solución, por tanto: hacer las dos cosas, como un péndulo que se moviera de dentro a afuera, saber estar con nosotros mismos y salir y distraernos con los demás, saber conectar con la pérdida  y saber desconectar de ella.
  • Atender los problemas y situaciones que derivan de la pérdida. Es muy posible que nos encontremos con un panorama nuevo y que tengamos que atender a cuestiones prácticas: qué hacer con las pertenencias, papeleos, seguros, organización del hogar, mascotas… Si no nos sentimos con fuerzas para afrontar estas situaciones podemos darnos un tiempo, el que necesitemos, o delegar en personas de confianza, pero antes o después es sano que empecemos a tomar las riendas de nuestra vida y comencemos a tomar decisiones.
Derechos humanos básicos

Derechos humanos básicos

Estoy preparando una serie de entradas acerca de los límites y en alguno de ellos menciono una lista que me dio mi primera psicóloga acerca de los derechos humanos en la relación con los demás. Me resultó muy útil y pasados los años, ahora que soy psicoterapeuta, a veces soy yo quien da la lista a sus pacientes y de paso la recuerdo.

Fue elaborada por Patricia Jakubowski y Arthur J. Lange y creo que forma parte de un libro que habla de asertividad, de derechos y responsabilidades. Venga de donde venga agradezco a sus autores y con su permiso la comparto con vosotros. Espero que se os encienda, al menos, una lucecita.

DERECHOS HUMANOS BÁSICOS

  • El derecho a ser tratado/a con respeto y dignidad.
  • El derecho a rechazar peticiones sin tener que sentirte culpable o egoísta.
  • El derecho a sentir y expresar tus propios sentimientos.
  • El derecho a detenerte y pensar antes de actuar.
  • El derecho a cambiar de opinión.
  • El derecho a pedir lo que quieres (dándote cuenta de que la otra persona tiene derecho a decir que no).
  • El derecho a hacer menos de lo que humanamente eres capaz.
  • El derecho a ser independiente.
  • El derecho a decidir qué hacer con tu propio cuerpo, tiempo y propiedad.
  • El derecho a pedir información.
  • El derecho a cometer errores (y ser responsable de ellos).
  • El derecho a sentirte a gusto contigo mism@.
  • El derecho a tener tus propias necesidades y que esas necesidades sean tan importantes como las necesidades de los demás.
  • Además tienes el derecho de pedir (no exigir) a los demás que respondan a tus necesidades y de decidir si satisfaces las necesidades de los demás.
  • El derecho a tener opiniones y expresarlas.
  • El derecho a decidir si satisfaces las expectativas de otras personas o si te comportas siguiendo tus intereses (siempre que no violes los derechos de los demás).
  • El derecho a hablar con la persona involucrada y aclararlo (en caso límite en que los derechos no estén del todo claros).
  • El derecho a obtener aquello por lo que pagas.
  • El derecho a escoger no comportarte de manera asertiva o socialmente habilidosa.
  • El derecho a tener derechos y a defenderlos.
  • El derecho a ser escuchad@ y a ser tomad@ en serio.
  • El derecho a estar sol@ cuando lo escojas.
  • El derecho a hacer cualquier cosa mientras no violes los derechos de alguna otra persona.
  • El derecho a mantener tu dignidad y respeto comportándote de manera habilidosa o asertiva (incluso si la otra persona se siente herida) mientras no violes los derechos humanos básicos de los demás.
Mi cabeza me hace trampas.

Mi cabeza me hace trampas.

Tomo prestado el título de Carlos Mañas, autor y protagonista del libro Mi cabeza me hace trampas. Historia de un trastorno bipolar.

Conocí su historia escuchando unos podcast de psicología en spotify (Entiende tu mente, de Molo Cebrián) en los que recomendaban buscar los episodios completos del programa dedicado a Carlos, su diagnóstico de enfermedad mental grave y la repercusión en su entorno.

Podium podcast: Mi cabeza me hace trampas.

El comienzo es genial, creo que va al punto clave, lo que mantiene, potencia y casi me atrevería a decir que genera las enfermedades mentales (al margen de la predisposición genética): el miedo. Comienza preguntando a distintas personas «¿Qué sentirías si te dijera que vas a pasar el día con una persona diagnosticada con un trastorno mental grave?»… os podéis imaginar la respuesta de la mayoría.

A lo largo de los cinco episodios, de entre 15 y 20 minutos de duración, Carlos nos cuenta cómo era su vida y cómo cambió tras el diagnóstico, nos habla del día a día, de la suerte de tener la familia que tiene, del estigma que supone su aspecto físico bajo los efectos de la medicación, del sufrimiento explicado con palabras y situaciones que todos entendemos, sin definiciones científicas, de lo que le ayuda a sentirse mejor, lo que no le ayuda… Es muy interesante, no tiene desperdicio.

También podemos escuchar a un psiquiatra al que le encanta su trabajo, con una visión, para mí, muy humilde y sabia de la locura y de las personas con algún tipo de enfermedad mental grave; la experiencia de la directora de un centro de día para personas con enfermedad mental grave, la oposición que generó su proyecto entre los vecinos del barrio y la normalización pasados unos años; la voz de varios usuarios del centro y cómo vive cada uno su situación, la experiencia de la mujer y los hijos de Carlos y mucho más.

En fin, un programa muy completo, honesto y ligero.

Recomiendo a todo el mundo que lo escuche, creo que necesitamos muchos de estos para poder aceptar la locura, la de otros y la propia, con cariño y sin miedo.

Pincha aquí para escucharlo

Las rupturas duelen.

Las rupturas duelen.

Tanto es así que a veces preferimos mantener una relación sin amor o incluso una en la que sufrimos, por no enfrentarnos al impacto que tendría una separación en nuestras vidas.

Los españoles, además, tenemos un puntito melodramático, los latinos en general, “sin ti no soy nada”, “si tú no estás aquí me quema el aire”, “me estoy ahogando sin tu amor”… Nos criamos con historias, telenovelas, canciones tremendamente trágicas y tristes y con la idea de un único amor, una media naranja irremplazable sin la que no podemos seguir viviendo, no hablemos ya de ser medianamente feliz. Y eso cala. En parte está todo bien, cantamos, nos emocionamos y comentamos las rupturas ajenas que nos atraen como atraen los accidentes en la carretera. El problema viene cuando nos toca atravesar la ruptura, ahí ya no está tan bien haber mamado esa idea trágica del amor. No tenemos modelos sanos para afrontar la situación. No necesariamente sufrimos por pasionales, también puede ser que queramos ser tan civilizados y tan equilibrados que no demos espacio a sentir, a llorar nuestra pérdida, y también hay que saber romperse.

¿A dónde quiero llegar? pues a que estamos un poco perdidos en el desamor, no somos prácticos y muchas veces perdemos una oportunidad de oro para aprender de nosotros mismos. Al fin y al cabo, la única persona con la que vamos a tener que convivir sí o sí toda la vida, somos nosotros.

La ruptura es una gran maestra… con la actitud adecuada. Si no estamos atentos es muy fácil caer en reproches, culpas, preguntas sin respuesta, excesos o enfrentamientos de todo tipo que potencian y generan sufrimiento.

Las separaciones reabren y remueven heridas profundas que sentimos en las entrañas. Es una época estresante, de muchos cambios. Normalmente hay que tomar decisiones importantes. Y, en cualquier caso, una vez nos estabilizamos por fuera (casa, trabajo, hijos, perros, cosas) entonces, empezamos a sentir la pérdida. De la vida que soñábamos. De la persona que queríamos (la real o la que nos empeñábamos en ver, lo mismo da). Comienza el duelo.

Teniendo en cuenta este popurrí lo normal es pasar una época difícil, por no decir bastante cabrona. Y nos podemos atascar en ella.

¿Para qué te puede ayudar una terapia?

maestro-de-karate (1)  Para dar salida a la rabia sin daños colaterales.

medicina  Para aprender a convivir con un dolor en ocasiones muy intenso, recordar que puedes con él y comprobar que es pasajero.

flechas-de-bucle  Para no repetir las mismas historias aprendiendo cómo te relacionas.

Esto es interesante, dejarás de culpar a la mala suerte y empezarás a entender tu papel en la historia.  Darte cuenta de tu tendencia a hacer de niño pequeño o de mamá/papá, de tu tendencia a despertar admiración o dar pena, si tiendes a controlar y manejar o a dejarte llevar por el otro, si tiendes a tragar y tragar hasta que un día explotas o eres más de quejarte por todo, si tiendes a desconfiar o a mirar a otro lado ante los problemas… Revisando estas tendencias puedes evitar encajar con el mismo tipo de personas, las que se complementan con tu manera de relacionarte.

mano-de-nino-sobre-la-mano-de-un-adulto  Para reconocer tus heridas más profundas

Falta de cariño, reconocimiento o seguridad, exceso de culpa o exigencia o una sobreprotección que te hizo creer que eras débil y el mundo peligroso… Si aprendes a cuidarte y satisfacerte o si al menos eres consciente de estas heridas, no te lanzarás a buscar lo que te falta en relaciones que no te hacen feliz, a cualquier precio.

pareja-de-hombres  Para tener una buena relación, en su caso, con el padre o la madre de tus hijos.

Igual no es lo que más te apetece, igual lo que quieres es que se joda, o no volver a saber de él/ella, pero resulta que él/ella es el padre/la madre de tus hijos y ellos se merecen todo el esfuerzo del mundo, se merecen unos padres que a pesar de las diferencias aprenden a dejar atrás, o a un lado, el resentimiento y pasan a formar un equipo en su crianza y educación. Se merecen un buen modelo, aunque cueste.

diagrama  Para reforzar otras áreas de tu vida.

Si te has centrado mucho en tu pareja es posible que hayas descuidado otras facetas de tu vida y es importante recuperarlas: amigos, estudios, hacer cosas que te divierten, religión/espiritualidad si la sientes, familia, proyecto profesional, estar en forma, tu economía, antiguos sueños que aun te hacen vibrar, disfrutar del sexo (sí, a veces en pareja es lo que más se descuida…), etc.

Con esto no quiero decir que sea imprescindible hacer terapia, sino que es posible que te atasques y no consigas pasar página. En ese caso sí te recomiendo que pidas ayuda.

Cierra ese capítulo y empieza uno nuevo como a ti te gusta.

Cómo salgo de aquí

Cómo salgo de aquí

Salir

«Pasar de dentro afuera»

«Partir de un lugar a otro»

«Libertarse, desembarazarse de algo que ocupa o molesta»

«Aparecer, manifestarse, descubrirse»

«Nacer, brotar»

Lo primero, dónde estás. Tómate tu tiempo, mira a tu alrededor, escucha, huele, respira, ¿dónde estás? ¿seguro que estás aquí? ¿no andarás por Maravillas, el infierno de Dante, el día de la Marmota, tu recreación en bucle del pasado, futuros posibles o lo que podría haber sido si…?

Segundo, ¿seguro que quieres salir? Llevas mucho tiempo, años, representando este personaje, conoces sus matices y sus límites. Salir implica pérdida. ¿Vas a renunciar a la seguridad de lo conocido? ¿a las relaciones vacías, locas, dañinas, pero seguras? En tu trabajo de mierda (de mierda porque no te gusta) estás a salvo, en tus pajas mentales estás a salvo, por incómodas que sean. Y además, no todo es malo, hay recompensas ¿Renunciarás a los pequeños momentos de gloria? cuando una persona ajena reconoce tu sacrificio y te admira por ello (por sufrir como el que más) te sientes bastante bien, el (supuesto) placer de la fiesta con la drogaína fresca por tus venas es una gozada, la reconciliación mágica y pasional con tu pareja de maltrato (que se va a la mierda en cuestión de segundos) no tiene comparación. Instantes, algunos muy intensos, de algo parecido al amor. ¿Renunciarás? ¿Por algo desconocido?

Y tercero, cómo quieres salir. Sol@, acompañad@, a rastras, a oscuras; te apetece ir paso a paso o te lanzas a la piscina de lo radical. Igual quieres perderte un poco más en tu mierda para darle emoción al encierro o explorar tus propios límites.

 

Regresar

«Devolver o restituir algo a su poseedor»

«Volver al lugar de donde se partió»

Si no estás, vuelve. Reconquista tus pupilas, las yemas de todos tus dedos, los pelillos del brazo cuando se ponen de punta. Quiero decir, reconquista tu cuerpo, es el mejor lugar desde el que sentir la vida, es el único. La vida que eres y la vida de la que formas parte. Vuelve aquí, a tu cuerpo. Vuelve ahora, no lo dejes para después. Cuantos más ahoras, más viv@ te sientes y cuanto más viv@ te sientes, más fuerza y más foco y más ligero se vuelve todo.

Si una vez que has vuelto a donde estás, quieres salir de ahí, prepárate para decir adiós. Vas a dejar un lugar, simbólico o real, «partir de un lugar a otro«, déjalo. Vas a liberarte de algo que te incomoda, «libertarse, desembarazarse de algo que ocupa o molesta» suéltalo. Coge aire y despídete de quien solías ser, resdescúbrete. «Aparecer, manifestarse, descubrirse» «Nacer, brotar»

Y ahora elige el cómo. Esto es, actitud. Puedes «salir» con espíritu aventurero. Puedes pedir ayuda. Puedes arrodillarte y avanzar como un penitente. Un reto, una prueba que te pone la vida, una oportunidad, un juego… tú decides cómo vivirlo.

Actitud

«Postura del cuerpo, especialmente cuando expresa un estado de ánimo»

«Disposición de ánimo manifestada de algún modo»

A un hombre le pueden robar todo, menos una cosa, la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino.

Victor Frankl.

Fotografía de Cristina García Rodero, de la serie «España Oculta» 1980.

 

 

 

Sanando la niña interior herida.

Sanando la niña interior herida.

El objetivo de este taller es ayudar a la persona a tomar un mayor contacto con sus primeras heridas, reconocer las corazas o personajes que construyó para protegerse y darse cuenta de los recursos de que dispone como mujer adulta para hacerse cargo de su «niña herida».

Se considera que gran parte de nuestras reacciones emocionales y conflictos actuales tienen su origen en las heridas de esta niña que sigue reclamando ser sanada.

Te invitamos a re-descubrirte a través del encuentro con otras mujeres y el acompañamiento de las Psicoterapeutas en uno de los talleres más completos que puedas hacer. Un trabajo profundo y liberador a muchos niveles: psicológico, emocional, corporal y relacional entre otros.

 

DESARROLLO DEL TALLER:

– Círculo de presentación y encuentro con otras mujeres-niñas.

– Trabajo vivencial para acercarnos al personaje ¿qué construí para ser aceptada y protegerme del rechazo?

Descanso y pica pica

– Trabajo vivencial de profundización, un encuentro íntimo con mi ser más vulnerable

– Trabajo creativo de reparación.

– Círculo de integración. Reencuentro con las otras mujeres-niñas, compartir experiencias.

– Cierre. Visualización guiada.

 

Facilitan: Macarena Derra y Paola Martínez de Kobbe. Psicólogas y Psicoterapeutas de grupo, individual, pareja y familia.
Fecha: sábado, 1 de julio de 2017
Horario: de 10h a 18h
Honorarios: 70 €
Lugar de celebración: Ciel Azul / Avenida Cala Martina, 7, 07849 Sa Trenca
Cupo máximo de participantes: 12
Contacto: 666 618 017 / 690 757 138
Feminismo y responsabilidad.

Feminismo y responsabilidad.

Ayer me encontré con la publicación de un vídeo, cuya presentación y comentarios me dejaron entre revuelta, preocupada e indignada. (Se centran básicamente en culpar o criminalizar al hombre y negar cualquier tipo de responsabilidad de la mujer).

Lo publicó Barbi Japuta en su página de facebook presentándolo de la siguiente manera: «Esto es una violación. Sin capuchas. Sin portales de noche. Sin golpes. Muchos verán sólo sexo». Vaya por delante que admiro el trabajo de esta mujer (aunque algunas veces, como es el caso, no esté de acuerdo con su enfoque).

Más tarde lo veo publicado en eldiario.es como «El corto que muestra que tu novio también puede violarte». Os invito a verlo, son solo dos minutos.

Lo primero que pensé fue ¡qué vídeo tan bueno! realmente visibiliza una situación muy habitual en la que muchas mujeres, y espero que algún hombre receptivo, pueden verse reflejadas.

Esto ocurre. A mí me ha ocurrido. Y sí, podría llegar a decir que me he sentido violada, puedo comprender a esta chica. Entiendo perfectamente cómo entra en el chantaje emocional, cómo trata de evitarlo y cómo pierde fuerza y se rinde. Me solidarizo con su resignación, entiendo lo que es hacer algo que no quieres. Puedo empatizar con ese vacío al terminar, con su soledad.

Hasta ahí bien, pensaba yo, es un material perfecto para darnos cuenta de cómo muchas mujeres, en numerosas ocasiones, nos anulamos, nos negamos, nos rendimos. Con este vídeo podemos empezar a ser conscientes de nuestro miedo al rechazo, de nuestro miedo al conflicto y de cuan susceptibles somos al chantaje emocional. Aquí se ve claramente cómo nos hacemos responsables de las emociones del hombre mientras dejamos de escuchar las nuestras. Y por supuesto, cómo estamos dispuestas a satisfacer sus necesidades mientras dejamos de satisfacer las nuestras.

La alarma salta cuando se pone el foco única y exclusivamente en el hombre. El violador. El malo de la película. Un momento, entonces, ¿de eso se trata el vídeo? ¿de eso se trata el feminismo? ¿de criminalizar?

«Esto no es un partido de tenis en el que lanzamos un no, el otro nos devuelve la pelota, le lanzamos otro no, nos la devuelve y así hasta que nos cansamos y nos la cuela»

 

Me pregunto lo siguiente, ¿quién falta al respeto de la chica? Para mí la respuesta es cristalina: los dos. Él y ella misma. Ella se falta el respeto de una manera atroz. Me diréis que es víctima de una educación patriarcal, que si la autoestima que si la culpa… y yo respondo ok, ¿y? Algo habrá que hacer, o esperamos sentadas a que desaparezca el patriarcado y todos los hombres de la faz de la tierra hagan caso de un no a la primera. Sinceramente, no lo veo práctico. Esto no es un partido de tenis en el que lanzamos un no, el otro nos devuelve la pelota, le lanzamos otro no, nos la devuelve y así hasta que nos cansamos y nos la cuela. No se trata de decir no y luego delegar la responsabilidad de lo que suceda. No amigas, así no funciona, así es como otros deciden por nosotras. Se trata de ser coherente con ese no, de hacernos cargo de lo que sentimos. De ahí nacerán las palabras y las acciones necesarias para poner nuestro límite donde nos apetezca ponerlo. Y si no sabemos, aprendemos. Y el tiempo que antes dedicábamos a criticar, ahora lo dedicamos a evolucionar, a superar nuestros miedos, a empoderarnos de verdad.

En un mundo ideal no habría machismo. En un mundo ideal no habría una historia sobre nuestras espaldas de generaciones y generaciones de mujeres al servicio sexual del hombre ni de hombres con derecho a disponer de las mujeres a su antojo. En un mundo ideal.

Pero no vivimos en un mundo ideal. Vivimos en un mundo real y la realidad, por mucho que nos pese, es una sociedad machista. Ahí es donde nos movemos. Y ahí es donde o tomamos las riendas de nuestra vida o mujeres, la llevamos cruda.

«Mientras sigamos viendo esta historia como un cuento de buenos y malos, de agresores y víctimas, en lugar de asumir la responsabilidad de nuestra vida, me temo que seguiremos luchando eternamente por la igualdad, pero siempre desde abajo.»

 

Por tanto me niego a poner el foco en el acto criminal del hombre en esta historia. Me niego porque eso sitúa a la mujer en un papel de víctima, de indefensión y de vulnerabilidad que es precisamente el papel del que queremos salir.

Una mujer sana y adulta es responsable de su cuerpo, de sus emociones y de su sexualidad.

Una mujer sana y adulta se respeta por mucho que le duela la decepción, se respeta aun sintiendo el miedo al rechazo.

Una mujer sana y adulta se cabrea, porque ha aprendido que tiene derecho a sentir y exteriorizar su rabia.

Una mujer sana y adulta dice que no cuantas veces hagan falta, se levanta coge la puerta y se va. Y si el hombre abusa de su fuerza y le obliga a tener sexo entonces sí, la estará violando, pero ella sabrá que hizo todo lo que pudo por evitarlo y le será mucho más fácil recuperarse emocionalmente.

Entiendo a la chica del vídeo, creedme que la entiendo. Y no la culpo de lo sucedido, me despierta una ternura y una compasión sin límites. Si pudiera, la animaría a reflexionar sobre sí misma, a mirar hacia adentro. La animaría a quererse y respetarse, a superar su miedo, pero no a buscar culpables.

Mientras sigamos viendo esta historia como un cuento de buenos y malos, de agresores y víctimas, en lugar de asumir la responsabilidad de nuestra vida, me temo que seguiremos luchando eternamente por la igualdad, pero siempre desde abajo.

 

Por una sociedad con mujeres libres y responsables de sí mismas.

 

El clásico de la relajación

El clásico de la relajación

Si hay una técnica eficaz para relajar cuerpo y mente esa es la Relajación Progresiva de Jacobson. Es muy sencilla, normalmente con hacerlo un par de veces ya la hemos aprendido y tampoco necesita una preparación especial, si bien, cuanto más cómodo y tranquilo se esté, mejor. En consulta es, sin duda, la técnica a la que más recurro para guiar una relajación. También la uso cuando soy yo la que necesita bajar de revoluciones o quiero volver a conectar con mi cuerpo.

Además de conseguir un profundo estado de relajación, al practicarla aprendemos a poner nuestra atención en un músculo o un grupo muscular concreto. Esto nos ayuda a comprobar su estado de tensión y a soltarlo si es preciso.

La técnica consiste básicamente en tensar y destensar la musculatura por partes o grupos, y mantener toda la atención en las sensaciones que produce. Así, poco a poco, nos familiarizamos con las distintas sensaciones y podemos cambiar de una a otra (tensión o relajación) según nos convenga o apetezca.

brightness  Recomendaciones:

  • Prepara el ambiente. Asegúrate de que nadie te va a molestar en 5 o 10 minutos, luz suave, silencio o música tranquila e incluso algún aroma agradable. Como si fueras a preparar un encuentro íntimo con alguien que te gusta mucho, solo que hoy ese alguien eres tú.
  • Postura cómoda. Yo prefiero tumbarme pero sentarse en una buena butaca o sillón tampoco es mala opción. Que tenga reposabrazos a ser posible y que puedas apoyar la cabeza. Aprovecha también para aflojar cinturones, fajas, corbatas o quitarte las gafas. Es decir, ponte cómod@.
  • Fuerza justa. La tensión muscular  debe ser intensa pero sin llegar a doler. En los últimos segundos aprieta un poco más justo antes de soltar.
  • Disfruta la sensación de relax. Justo después de soltar es cuando vienen las sensaciones agradables de cosquilleo, ligereza, frescor, calorcito… sea lo que sea lo que sientas, pon toda tu atención y DISFRÚTALO.

 

press-play-button  Comenzamos:

Ten en cuenta que aunque parezca que hay muchas instrucciones, en la práctica lo que hacemos es un repaso de todo el cuerpo tensando y destensando, sin más. Empezando por las manos llegamos a la cabeza y bajamos por el torso hasta los pies.

A continuación te indico como contraer cada grupo muscular. La contracción del músculo se hará siempre entre 10 y 15 segundos. Después de tensar cada grupo recuerda soltar y disfrutar de una placentera relajación.

  • MANOS Y BRAZOS. Aprieta fuerte uno de los dos puños durante 10 segundos, nota tus dedos, la palma de la mano y la muñeca en tensión, haz un poco más de fuerza los últimos segundos… y suelta. Haz lo mismo con el antebrazo y el brazo hasta el hombro. Repite el ejercicio en el lado contrario. Suelta y disfruta
  • RELAJACIÓN DE CARA Y CUELLO. Frente Arruga la frente y suelta , Cejas Levanta las cejas y suelta, Ojos Puedes abrirlos mucho o cerrarlos fuerte, Nariz Aprieta o arruga y suelta, Mejillas Ténsalas como si sonrieras cerrando los ojillos y suelta, Labios Aprieta fuerte uno contra otro, Lengua Haz presión contra el paladar, Mandíbula Muerde con fuerza, Cuero cabelludo Abriendo la boca y subiendo las cejas pero con el foco en la cabeza, cuello y nuca Flexiona hacia atrás y vuelve a la posición inicial lentamente, haz lo mismo hacia delante, hombros y cuello Levanta los hombros y apriétalos contra el cuello, bájalos lentamente. Suelta y disfruta
  • RELAJACIÓN DE TÓRAX, ABDOMEN, ESPALDA Y ZONA DE LA CADERA. Tórax Coge aire y retenlo mientras fuerza con los pectorales, suelta el aire despacito, Abdominales Aprieta hacia adentro toda la zona abdominal desde el estómago, como si quisieras tocar con el ombligo la columna vertebral, Espalda Puedes contraerla haciendo fuerza o ayudarte con los brazos en cruz echando los codos hacia atrás, glúteos-genitales-ingles Toda esa zona se puede contraer a la vez, aprieta también los esfinteres y la vagina, si tienes. Suelta y disfruta
  • RELAJACIÓN DE PIERNAS, GEMELOS Y PIES. Comienza por una de las dos contrayendo la parte superior de la pierna, suelta, continúa con los gemelos, suelta, y termina con los pies en punta y contrayendo fuerte los dedos. Suelta y disfruta

 

Si no lo has hecho nunca te animo a probar, te gustará reencontrarte y sentir muchos rincones de tu cuerpo. Más que sentir: gozar.